sábado, 24 de marzo de 2012

El club de los frustrados


El chef se pegó un tiro porque la gente no contaba con el paladar desarrollado para apreciar sus manjares. El pintor puso veneno en su café porque nadie tenía ojo para su arte. Al atleta lo encontraron suspendido de una soga porque el público ya no vitoreaba sus logros olímpicos. Introduciendo una tostadora de pan en la bañera, el payaso del circo se electrocutó porque sus gracias no hacían reír a nadie. Con un salto desde un precipicio, el meteorólogo dijo adiós al mundo porque sus pronósticos eran interpretados siempre en sentido opuesto. El científico, atándose una piedra, se mantuvo bajo el agua hasta ahogarse porque ningún mortal era capaz de entender sus teorías. El cartero fue hallado con las venas abiertas porque las cartas ya no eran una práctica común entre la gente.
Yo soy más ecuánime y no llego a tales extremos, a pesar de ser un médico desacreditado a quien todos los pacientes se le mueren.